03 febrero 2007

Ilusionismo y escepticismo

Algunas veces se nos ha acusado a algunos ilusionistas (sobre todo a aquellos magos que nos dedicamos a los efectos mentales) de sembrar la creencia en los poderes y los fenómenos paranormales. Es posible que alguna "oveja negra" se haya descarriado en algún momento pero en general, por lo que yo conozco, somos los magos los primeros que señalamos a los farsantes e impostores.

Esto viene a cuento por la siguiente carta:

CARTA A LAS SOCIEDADES DE ILUSIONISTAS
Andrés Carmona Campo

Desde hace varios años, venimos observando con preocupación como de vez en cuando son noticia las andanzas de ciertos ilusionistas (sobre todo mentalistas) que, basándose en los secretos y técnicas de su arte, se dedican a hacer creer y difundir que poseen auténticos poderes psíquicos, extrasensoriales, espiritistas o paranormales (telepáticos, telequinésicos, clarividentes, etc.). A nuestro modo de ver, dicha actitud no sólo supone un abuso claramente inmoral de la buena fe, credulidad o ingenuidad de algunas personas, sino un auténtico fraude y estafa a quienes creyendo en esos ilusionistas-mentalistas se dejan llevar por su palabrería y por las “pruebas” de sus poderes que, ustedes mejor que nosotros, bien saben que no se trata nada más que de técnicas y recursos de los habitualmente utilizados en ilusionismo. A nuestro modo de ver, este uso de las técnicas ilusionistas para inducir, o hacer creer directamente, en la autenticidad de supuestos fenómenos paranormales, espiritistas o similares, resulta tan reprochable como el uso que un tahúr pudiera hacer de las técnicas cartomágicas en las mesas de juego de un casino, o un trilero en plena calle.

Nuestra preocupación no sería tal si este uso ilegítimo de las técnicas ilusionistas fuese esporádico o meramente anecdótico, pero hemos podido comprobar cómo aumenta el número de ilusionistas-mentalistas que están recurriendo a estos ardides para, con menos notoriedad, pero no menor daño, engañar y fomentar la irracionalidad en ámbitos más reducidos pero, en algunos casos, de un modo deshonestamente rentable para ellos.

Dado nuestro interés en la divulgación del pensamiento crítico y científico, y en el escepticismo hacia todas las afirmaciones extraordinarias, sobrenaturales o paranormales, le hacemos llegar esta comunicación para que la difunda entre sus asociados y en su ámbito de su influencia, para que sea conocida y debatida, pidiéndoles además su colaboración en la extensión del pensamiento crítico y racional. Estamos convencidos de que serán ustedes quienes más preocupados estén por el mal uso que algunos están haciendo de su arte de ilusionar, por el daño que hace a su afición y en muchos casos profesión, y es por eso que les pedimos también su colaboración para el fomento y la extensión del pensamiento crítico y racional. Como no es necesario que le explique, el ilusionismo y las ciencias han ido de la mano en muchas ocasiones, y muchos ilusionistas no han sido sino científicos que han ideado sus efectos basándose en los principios y leyes de la física o la química, como por ejemplo hacía Robert-Houdin. Del mismo modo, ilusionismo y pensamiento crítico también se han aliado en la oposición a las supersticiones, las supercherías y los embaucadores de turno. Baste citar como ejemplos históricos al gran enemigo de farsantes y espiritistas que fue Harry Houdini, a John Nevil Maskelyne, que desenmascaró a los hermanos Davenport, o más recientemente en nuestros días, a James Randi que demostró el fraude Uri Geller. Siguiendo la senda de sus pasos, les instamos a debatir estos asuntos en sus Congresos, Conferencias, Publicaciones y Foros de Debate, y si lo creen conveniente, a tomar las medidas necesarias que consideren oportunas, por el prestigio del ilusionismo y por la extensión del pensamiento crítico.


La verdad es que no tengo ni idea en nombre de quien habla, ni a quien acusa.

Lo malo es que muchas veces, los ilusionistas tenemos que confiar en el público y pensar que va a saber que nada es lo que parece por imposible que parezca. Como decía un compañero de La Dama inQuieta es como si al principio de cada película hubiera que recordar que nada de lo que van a ver es real, que la gente no muere de verdad en la película, etc. cosa que destruye todo la "atmósfera mágica" (que diría Ascanio) justo al comenzar.

Al ver a un ilusionista hay que saber que es alguien que crea ilusiones igual que cuando vas al teatro o al cine sabes que no vas a ver nada real (a menos que vayas a ver un documental, claro). Lo bueno es que mientras que ves el espectáculo te puedes dejar llevar y creer por un momento que todo es posible (aunque algunos se empeñan en buscar un "truco"... peor para ellos). Luego, cuando bajamos del escenario tenemos que tener cuidado en que el espectador se lleve a casa el mejor "gustillo" posible, pero hay veces (a mí me ha pasado muchas) que tienes que aclarar a alguna persona que lo que has hecho no es fruto de unas "energías especiales" o cosas así. Yo, además, lo digo al comenzar mi espectáculo porque es parte de la presentación, pero aún así hay gente que no quiere creerlo.

Como muestra del trabajo que hacemos los ilusionistas por desenmascarar a los farsantes he aquí mi amigo Luis Pardo, mentalista, que va a participar en un charla en Barcelona titulada Los Poderes de la Mente (http://escepticos.blogalia.com//trackbacks/46823).

También está James Randi, como mencionan en la carta. Por cierto, Uri Geller no dice ser un ilusionista y ahí reside el problema. Él, al contrario que la mayoría de los magos, quiere hacer creer que tiene poderes de verdad (de forma burda y sin ningún tipo de meta artística).

Seguiremos hablando del tema...

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